Sistema de las Tres Coronas, por F. Akuva.

 

 

Lo estuvo desarrollando por demasiado tiempo, añorando su estratificación furiosamente. Las tres Coronas giran como nudos borromeos: si se suelta una, se zafan todas y caen a un abismo infinitesimal. Esa noción de abismo infinitesimal se asimilaba a una concepción del plano como mise en abyme; utilizar la cámara como Perceptrón.

El plano-máquina.

El plano-vegetal.

El plano-ectoplasma.

A. El plano-máquina.

Función utilitaria-reguladora. Doppelgänger de espacio y doppelgänger de cuerpo. Región abdominal. El falso relato.

B. El plano-vegetal.

Pulsión, lo sensorial. Espacios verdaderos. Región craneal. El verdadero relato. 

C. El plano-ectoplasma.

Los cuerpos inmaculados. Región genital. Hipóstasis. 

En esa suspensión, las tres Coronas dominan la narrativa del Fin. Franz Akuva afirmaba con ello el tejido de una tendencia material de aniquilación, que durante siglos fue pacientemente revestida de un discurso esperanzador cuando en el fondo, cuando se retiraban los vendajes  para observar las quemaduras y penetrar las carnes con nuestros escalpelos en busca, siempre, de un universo armónico que se ocultaba tras las disonancias de los gritos del enfermo, tras la puesta en escena del dolor insoportable, sólo se encontraba la muerte. Pero la narrativa no se detenía allí. Aún quedaba algo éticamente tolerable: acelerar la Colisión por todos los medios posibles.

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